viernes, 21 de abril de 2017

No sé

No sé cuándo he de olvidarte.
Cuándo se evaporará tu cuerpo en mi cuerpo.
No sé en qué momento dejaré de decir tu nombre
de verme al espejo y verte en él,
nada importa en este momento;
no estas,
no me buscas,
no pronuncias mi desnudez cuando más solo te encuentras.
No hay nada que te traiga a tí.
Mi amor se oculta cuando se va la tarde.
No sé otras formas de decir tu cuerpo
No sé otras formas de decir soledad mía y tuya
soledad nuestra.
No sé cuándo he de olvidarte
No sé detener el tiempo
no sé cómo se dice silencio sin saborear el llanto
no sé cómo se dice dolor sin verme abandonada.
Todo te recuerda este día.
Entonces.
Duele la soledad,
duele tu reflejo en mi reflejo solo.


Karen Mayela Valladares

miércoles, 5 de abril de 2017

Insípida.



A nada sabe la tarde. A viento helado, quizás. Al ruido del televisor
A la mirada oblicua, al desencanto de tu abandono. Al intento de querer llamarte y decirte muchas cosas aunque me tiemble la voz. Pienso todas las tardes en irme, en lanzarme como piedra al río o al abismo o como quien lanza un pájaro con alas rotas  al viento. No pienso en la caída, no pienso en el triste recuerdo del llanto. Duele tu ausencia cada noche, cada día, cada segundo que transcurre. Duele.
Voy a enterrar lo que duele, lo que hiere, lo que no transpira. Moriré cada vez que sea necesario, mientras arrugo una página en blanco, mientras tirita la palabra, mientras voy quitando el vestido y cruzo las piernas y no fingiré que nada importa, que todo es absurdo.
Moriré mientras me consumo en una absurda soledad, blanquísima como la luz de una neblina.

Todo duele en este preciso momento y no estas, no estás, no estás para calmar mi dolor.

©Karen Valladares.

viernes, 24 de marzo de 2017

La soledad es eso

La soledad quizás es eso:
Cerrar los ojos, desaparecer o sumergirse una en un río que te lleve a cualquier parte.
Pensar justamente en la nada.
Llorar hasta quedar vacía , olvidar el rostro del que amamos
Mordernos los labios como un gesto de furia
encerrarnos en una casa sola sin importarnos el bullicio de afuera,

Provocarnos el llanto, la angustia,
el miedo, mientras vamos sintiendo la nostalgia clavándose en nuestras pupilas
Pensar en la muerte, convocarla,  seguirla pensándola como única opción de vida.
Todo esto duele, duele hasta palidecernos,

Sospecho el olvido
como hoja que nunca cae al suelo
También sospecho el dolor de estas manos vacías
la mirada dilatada por el llanto,
estas ganas de volver ahí mientras digo el nombre del que tanto extraño.
Duele, terriblemente duele todo esto.
Soy gaviota sobre el mar
Pudo ser todo de otra manera
arrancarme los ojos por ejemplo
o no verme en un espejo y saberme vacía .
La soledad es eso quizás otra cosa
No precisamente el silencio
o el grito que va después del llanto.

jueves, 23 de febrero de 2017

Tiemblo cuando digo una palabra






Imagen tomado : http://machorka.espivblogs.net/tag/voline/

"¿A quién le doy tantas caricias que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho?
-Carilda Oliver Labra.

Tiemblo cuando digo una palabra.
Cuando digo tu nombre
cuando observo mi cuerpo desnudo y solo.

Me destruyo
me desplomo
me arranco la sangre que llevo dentro
Se  descuaja la mirada
la piel suicida
Mi corazón ahora es un sismo
Ciudad abandonada
Carrusel sin darle cuerda
sin niños jugando sobre él.
Tiemblo cuando lloro pensando en ti
Cuando grito tu recuerdo en cada partícula mía
cuando escribo a escondidas tu nombre amarillo
porque siempre he dicho que tu nombre es amarillo.
Puedo fingir que nada de esto me importa ahora
Puedo creer que soy plenamente feliz
Juro cada media hora que no me importas
Que me vales mierda
Que aquí ya no tienes un mínimo de espacio.
Mi corazón neblina de lluvia
Juguete abandonado
Tiemblo, digo invierno y sé ahora cuánto te extraño.

Imagen tomado : http://machorka.espivblogs.net/tag/voline/
 ©Karen Valladares.




lunes, 13 de febrero de 2017

Palimpsesto de la desnudez


Como cae el poema,
o el amor en la noche,
Ida Vitae.
Y esta desnudez palimpsesto vacío
huracán que rompe la piel
silbido lejano de la noche
humedad a medio termino  
canción desafinada
Criptografía del deseo
taquicardia próxima del olvido
naufragio para no sé dónde
barco en alta mar
faro sin luz.

Piernas entre abiertas
manos recorriendo todo
el sudor,
el balbuceo de tu nombre
explotando en mi pelvis

Intento de tocarte a lo lejos.
nada pasa
nada sucede
aquí nada es nuestro.

Tiemblo en la clorofila del pensamiento
te nombro y nada pasa, no estás  y eso duele hasta la última molécula.
Epidermis de la nada.
Suicidio fracasado.
Y esta desnudez
palabra tartamuda
 Página en blanco.


©Karen Valladares
Tomado del poemario Cartografía del deseo.

martes, 31 de enero de 2017

Y esta noche

Y esta noche es un ciempiés que camina lento con el perfume de tu nombre.
Un astro cabizbajo que no sabe dónde caer
escarcha que se disipa en los últimos intentos de olvido.
Página sucia
donde las libélulas vienen a morir a diario.



Poema de Karen Valladares

jueves, 15 de diciembre de 2016

Cartografía del deseo


        

Mis pechos
Polen que se esparce en tus  manos.
Mi pelvis crucigrama que aun no descifras
La profundidad de mi entre pierna
Es la cartografía ahora  de tu boca
Astro labio que se desdibuja en tu nariz
Mi desnudez flamenco sin música de fondo.
Mi vientre marea que sube y baja
tus besos remolino que alborotan mis hormonas
Nada importa afuera
Solo nuestra desnudez
. Mis gemidos partituras que se rompen en el viento
Mientras siento tus dedos en mi clítoris
Y vos sumergiendo tu boca en mi cuello.
No me detengas, que no nos importe el tiempo
Ni el sol de la tarde explotando en la ventana.


Me pierdo en la desnudes de tu cuerpo
Cuando un movimiento tuyo es una cabalgata sin ninguna prisa.


©Tomado del poemario; sin vos la desnudez no importa.



martes, 22 de noviembre de 2016

Pánico II

Abro la boca y grito el pánico
Y grito nada o todo junto.
Destrozo una página y dos y tres.
Pero de nada me sirve.
Quiero observar el azul del cielo y no puedo.
Quiero ver sin miedo mi desnudez y no puedo.
Abro la boca y grito el pánico
Un golpe en la pierna
Otro en el pie
Otro en el costado y vuelvo a llorar
Todo es agridulce por ahora.
Recuerdo el rostro sobre mi rostro y vomito
Duele esa noche
Duelen esas horas oscuras sobre mi cuerpo casi moribundo
Nada puedo decir ahora más que la sombra del pánico que atormenta.


© Karen Valladares

sábado, 19 de noviembre de 2016


Good bye  amor.
Muero de ti y de mi, muero de ambos de nosotros.
J. Sabines.
Good bye amor, todo ha terminado
La lluvia no importa ni el frío tampoco
El llanto mucho menos, tu ausencia duele, pero es lo de menos.
Pienso en vos profundamente aunque no te importe
Todo ha terminado entre vos y yo,
Y lloro amargamente hasta raspar las pupilas
Ahora late triste mi corazón, si es que aún queda corazón.
Amor, my big love
Todo ha terminado
Todo se quiebra
Todo tambalea como hoja recién cayendo del árbol en pleno invierno frío
Lloro, lloro hasta asfixiarme hasta palidecer el llanto
Pero nada de esto te importa amor, lo sé perfectamente
Y no tengo nada que me consuele
Te juro que esta lluvia no importa
El susurro de mi voz mientras digo tu nombre  no importa.
Good bye my love,
Recordame cada vez que llueva
Cada vez que te veas al espejo
Cada vez que toques el cuerpo de otra
My love, my big love,
Mi corazón ahora es una caja de agujas

Un blues que cae lento en lo profundo de una partitura.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Muestra de poesía panameña

JAVIER ALVARADO


CAPIRA

Alucino con Capira y con sus ramos
De mariposas en el aire,
Con sus árboles acuosos donde
Una lechuza ha parpadeado.

Quedan mis brazos inmóviles al tocar sus tierras,
Sus casas que nos hablan  como sardinas en el barranco de la sangre,
Sus calles y senderos
Donde  caminamos con el temor de despertarla,
Mientras alzo mi machete campesino
Y corto los gajos
De las presentes soledades.

Invoco a la lluvia y los goterones se deslizan por la piel
Taladrándome           iluminándome           ante la deserción de los espejos;
Al oír gruesos y delgados
Los cantos perennes de las aves que demoran las puestas de sus nidos.
Quizás es un territorio joven
El tapir y el venado  nos lamen suavemente los ojos;
Hallamos un río perdurable
Y nos avivamos contando el oro de las faenas;
Los eclipses que se posan en la boca de los vivos
Y en el cabello enraizado de los muertos.  Capira
Es una leyenda a pie, un trote por las venas
En la yegua desbocada de este mundo.

Quiero entrar en sus dominios como una respiración a mis espaldas,
Como una caricia donde se procrean mis dos mitades,
El agua heterosexual que domina sus recuerdos,
La homofobia de terciar una llave y abrir un hogar
Donde me esperan los panes y el café
Y el día supremo con sus geometrías sagradas,
Con sus hábitos de vacada o de leche,
De sus ancestros que nos bosquejan un mapa.

Si percibir Capira es un regocijo, una marca de paz
O un arcoíris dilatado en la conciencia.
Por eso entra en ella sin invocar el habla,
Sólo con señas que ella reconoce.
Camina por sus senderos y sus calles,
Entra en la luz deletreada en el sueño.
Mantén siempre el temor de despertarla.
 ____________________________________________________

 MAGDALENA CAMARGO LEMIESZEK



Juegos de cama


Hoy he estado desnuda en la cama largo rato. Viendo tu cuerpo, desnudo también, junto al mío. Tu cuerpo que por ser tuyo ciertamente me pertenece. Y es esa certeza de posesión absoluta lo que de pronto, mientras enciendo un cigarro, me abruma.

Me da un poco de miedo ver tu senos dormidos, uno descansando sobre tu brazo, el otro sobre el otro. El pelo que te cubre los ojos cerrados, y que, aún sin verlos, sé que han de estar meciéndose frenéticamente bajo el influjo de los sueños. Temo también a tus labios, que ligeramente entreabiertos, se te van secando con las horas, y viéndolos así de quietos sé que no han de hacerme daño.

Mi miedo es la urgencia. Me urge que te quedes a mi lado. Me urge alargar este espacio, alargar tu sueño, tu inmovilidad, el pasivo y vulnerable reposo de tu cuerpo.

Una serpiente de humo se arrastra hasta tu muslo. Yo sé que has de dejarme cuando despiertes. Haz de ir a vivir en el mundo de las gentes con tus ropas, con tus máscaras y con tus odios. Me dejarás sola pensando en las cosas que he debido hacer para que te quedaras, en lo que he debido decir, y en lo que he debido quedarme callada.

Mi miedo no es otra cosa que este momento en el que dejas la divina lejanía del sueño, es la oscuridad que se aleja anunciando la mañana. Te miro y lo sé…esta es la hora en la que los cuervos me devoran los ojos, para que vuelvan a nacer y vuelvan a devorarlos, una y otra vez, eternamente.

________________________

LUCY CRISTINA CHAU


Tanto
“mi canto está conmigo
no tengo soledad.”

Silvio Rodríguez

Fuimos tan una sola piel
que me llegaron a doler tus heridas.

Fuimos tan una sola forma
que no me reconozco en el espejo.

Tu risa y la mía se acoplaron tanto
que a falta de la tuya
nadie pudo entendernos.

Y yo, que tanto gocé sobre tu lecho
ya no encuentro disfrute en el deseo
Porque tan, tanto y tanto y tan y tanto
no lo puedo inventar
sino en tu cuerpo.
 _____________________________

 CONSUELO TOMÁS

De La Propensión A Los Olvidos

La felicidad- me dijeron-
es asunto de poetas ebrios.
Útiles solo para cabalgar la luna
con todo y sus acólitos nocturnos.
Escóndete tras la puerta me dijeron.
No cruces la línea que separa al ahorcado
de su mediodía.
Huye del espejo y sus engaños
únete más bien a una legión de imágenes
promotoras de la ausencia.
Trágate tu amor al prójimo
y sus dinosaurios descalzos.
Esas utopías ya no las compra nadie.
Si descubres un vuelo de monarcas coloridas
dales la espalda
no escuches su caricia en el aire
y el escándalo de sus alas encendidas.
Podrías no recuperarte.
Ama la sombra y sigue sus instrucciones
protégete en su círculo de las tentaciones
que la luz produce
Súmate a la sagrada ley de lo que no se mueve
eso es lo que perdura.
Todo esto me dijeron.
Pero mi desnudez no tenía bolsillos para entonces.
Tampoco una memoria para el llanto.
He seguido la ruta de las aguas
en su afán de mar y de horizonte.
Y no puedo detenerme todavía.
 ________________________________________________

MANUEL ORESTES NIETO



Aquí nací y moriré

Aquí nací,
en un diminuto grano de sal
que flotó a la deriva
y se aposentó
en la placenta aguamarina
de mi madre.

Ella nació de la abuela
quien, a su vez, fue hecha de la piel escamada
de aquellos que vinieron
desde las aldeas distantes
en las costas de África.

Aquí crecí,
en el estallar
de las olas contra las rocas
y los deshechos de las playas;

entre el óxido del hierro
que hirió la pureza de las finas arenas.

Con maderas añejadas
hicimos la casa y las cruces,
el muelle de las bienvenidas y de los adioses,
nuestras canoas
que nos llevaron tan lejos y perduraron tanto
como el tiempo transcurrido
por el joven guerrero que se hizo anciano.

Fui libélula
y volé entre un majestuoso mar
de mariposas multicolores
y fue estremecedor el despliegue del carmesí,
del violeta
y el bermejo,
en las orillas virginales de las playas sin daño.

Apiñé los años
oyendo el latir de corazones engarzados
que aún retumba en los tambores
que se descosen y se desguazan;
en las caderas sudorosas
de las madres
que se abrieron como flores
pariendo hijos.

Fue un tiempo muy largo,
casi la eternidad en salmuera,
entre la pobreza agridulce de la niñez
y la longeva concavidad de mis huesos roídos
por el rumiar de los días;
por años sin dientes
que ya no me mordieron el alma.

Retornaré a la diminuta bahía
de la infancia,
a la muralla donde se estrellaba el mar,
a las calles de la ciudad ultramarina
donde chorrearon amaneceres y atardeceres
en el gris de los aguaceros,
al charco en la acera
y a la puerta de madera.

El celeste,
fue mi vértigo y mi ternura;
en mis ensueños
vi transcurrir un tiempo irrepetible,
con destellos lapislázulis,
que me colmó de inmensas dichas,
insoportables pérdidas
y devastadoras ausencias.

Caeré lentamente
en la refulgencia del agua
donde nadé dentro del velo de la libertad.

Moriré en la tarde
sin poder ver la siguiente aurora;
cuando la pizca de sal
que fue mi origen se evapore,
inevitable, solitaria,
pulverizada en átomos errantes
y vencida en la luz;
cuando la última ola
que vean mis ojos
se desparrame en la playa
y se inicie la resaca
que me llevará como un tronco maltrecho,
un caracol partido,
una espina de pez quebrada,
una momia húmeda
envuelta en harapos de algas,
sin un alarido, sin una queja,
con las vísceras hechas añicos
y el corazón triturado
en una molienda de agua salada
y tierra dulce.

Naufragará el barco de papel
que hice de niño y perdí;
pero no lloraré como entonces,
seguiré trotando
junto con los caballos de mar
en los jardines del agua,
como la segunda infancia,
como repasar los años
y recoger las sueltas alegrías
de la inocencia.

Llegarán otros hijos,
vendrán las madres de otras madres,
y ésta será también su patria sagrada.

Aquí estará por siempre
el lugar donde nací.

Este delicado hilo de luminiscencia
que entró a mis pupilas al nacer
y salió al morir,
en este privilegiado y amoroso
filamento de tierra,
entre dos prodigiosos océanos.


[Del libro: El deslumbrante mar que nos hizo]